El arrepentimiento. La nueva brújula a integrar en nuestras decisiones.
“El sufrimiento deja de ser sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido.”
— Viktor Frankl
Me parece muy curioso que el relato Bíblico del nacimiento de la humanidad, que se refiere a la historia de Adán y Eva, sea tan corto y hable de manera tan apresurada de un mensaje tan importante, la expulsión del paraíso.
El relato del Génesis no se detiene en los detalles del paraíso tanto como uno esperaría, sino que avanza casi de inmediato hacia la ruptura de la salida del Edén. Como si el verdadero mensaje estuviera en lo que ocurre cuando la perfección se pierde.
Un error nos mereció la pronta salida del lugar al que dedicaremos el resto de nuestra historia a intentar volver. Pero en ese retorno, somos distintos, volvemos con un espíritu más responsable y despierto; esta vez, mereciendo el lugar.
Nos expulsa el manejo inconsciente de nuestra inocencia, y nos regresa la sabiduría de lo vivido y aprendido.
Así, nuestros primeros padres marcan el camino que hemos de recorrer, nos movemos de la inocencia hacia una vida con conciencia, pero no sin antes atravesar esa nueva posibilidad que nos ofrece el error de equivocarnos, arrepentirnos y rectificar.
Henry David Thoreau, escritor, filósofo y naturalista americano, pareciera coincidir en que los errores son el inicio. En una reflexión fascinante, afirma que arrepentirse es vivir de nuevo, como tratando de animarnos a mirar los arrepentimientos con intención y precisión, pues sólo así, obtendremos la solidez de una nueva historia.
Dice: “Aprovecha al máximo tus arrepentimientos; nunca ahogues tu tristeza, sino cuídala y valórala hasta que llegue a tener un sentido propio e íntegro. Arrepentirse profundamente es volver a vivir.”
Si aún en esta introducción tengo espacio para una historia, contaré la de Alfred Nobel, porque su ejemplo describe todo lo que quiero transmitir en este artículo.
Nobel fue un reconocido químico, ingeniero e inventor sueco, quién registró numerosas patentes entre las cuales se encontró el descubrimiento de la dinamita.
Durante años, vivió con una ambivalencia, sabía que su creación tenía un enorme potencial para el progreso humano, pues permitía extraer las riquezas de la tierra y moldear los panoramas de la infraestructura de la modernidad, pero también causaría un enorme daño a la humanidad al ser utilizada para dañar.
Su "inocencia" despertó a la muerte de su hermano Ludvig, cuando un periódico francés confundió la noticia y publicó por error el obituario de Alfred diciendo “el mercader de la muerte ha muerto”, precisamente describiéndolo como alguien que se había enriquecido ayudando a otros a eliminarse.
Antes de que la profesía de su muerte lo alcanzara, en su testamento dedicó la mayor parte de su fortuna a la creación de unos premios que reconocieran a quienes aportaran "el mayor beneficio a la humanidad”.
Así nacieron los Premios Nobel para honrar avances en física, química, medicina, literatura y la promoción de la paz.
Los primeros premios se entregaron 5 años después de su muerte, habiendo recorrido hasta el día de hoy 633 reconocimientos, condecorando a figuras que han moldeado un futuro esperanzador y optimista para el mundo como Albert Einstein, Martin Luther King Jr y Nelson Mandela.
Ahora nademos en las aguas de la emoción del arrepentimiento y su mensaje.

¿Qué es el arrepentimiento?
El investigador Daniel H. Pink, en su libro “The Power of Regret” (El poder del arrepentimiento), nos invita a un viaje de una pieza hacia el corazón de esta emoción, una de las menos comprendidas, pues dedicamos una enorme cantidad de energía en pretender que podemos escapar con grandes saltos al olvido de lo pasado.
Lo cierto es que, si dejamos de escapar de nosotros mismos, podemos abrir espacio para reflexionar sobre esas importantísimas lecciones que de no ser miradas, nos dejan incompletos en nuestro proceso de evolución.
Según el investigador el mantra de "vivir sin arrepentimientos" ("no regrets") es una utopía más que una realidad, pues este ideal, según sus estudios, no existe en la naturaleza humana, donde el 80% de las personas piensa seguido en el pasado y los errores que ha cometido.
Pink define el arrepentimiento como una comparación entre lo que es y lo que pudo haber sido, acompañado de un juicio posterior. Es esa emoción que experimentamos cuando creemos que nuestra situación actual podría ser mejor si hubiéramos actuado diferente.
Estos pensamientos son repetitivos y recurrentes en nuestro cerebro porque está programado para sobrevivir, así que indistintamente selecciona los pensamientos que nos hacen sentir "incómodos" en este afán de dirigirnos a tener mejores futuros.
Ahora, cuando pensamos en exceso en el pasado, podemos caer en la ruminación y el ruido mental paralizante, lo que impide que nos movamos hacia adelante. Esto incluso está ligado a problemas de salud mental como la depresión, la ansiedad y la reducción de la satisfacción por vivir.
Pero existe una parte saludable del arrepentimiento, esa que lo hace inclusive necesario.
El arrepentimiento tiene dos lenguajes:
- El “si tan solo”. Que nos confronta con lo que pudo haber sido y puede impulsarnos a actuar distinto en el futuro.
- El “por lo menos”. Que nos ofrece consuelo y una perspectiva que nos permite reconocer lo que sí hubo y que podemos rescatar.
Este juego de lenguajes es un arte.
El libro pone como ejemplo a los campeones olímpicos: los medallistas de bronce suelen sentirse más felices con sus resultados que los de plata, simplemente porque piensan en el “por lo menos”, que les dio un lugar en el podio.
En cambio, los medallistas de plata se quedan contemplando al ganador del oro y los infinitos “si tan solo” que los habrían llevado a ganar.
El secreto está en gestionar de manera adecuada estos lenguajes.
“Cuando lo manejamos adecuadamente, el arrepentimiento nos hace mejores... afina nuestras decisiones, mejora nuestro rendimiento y nos otorga un sentido más profundo de significado.”
— Daniel H. Pink

Gestionando el arrepentimiento de manera adecuada.
La sugerencia de Pink es utilizarlo para pensar y luego para actuar.
Para el autor las emociones son para sentirlas, lo que luego nos conduce a pensar, y eso nos conduce a actuar. Si desestimamos las emociones como si no las sintiéramos, no generamos cambios; y si sólo sentimos por sentir, caemos en la desesperanza.
Así, el camino que se nos propone es claro: sentir para pensar y pensar para actuar. En el caso del arrepentimiento, permitirnos experimentarlo puede ayudarnos a reflexionar y, desde ahí, actuar de una mejor manera, generando resultados más conscientes e impecables en nuestra vida.
Lo que nos puede ayudar también en esta travesía es entender su estructura profunda.
Pink revisó diferentes estudios sobre el arrepentimiento y concluyó que aquellos que trataban de agruparlos en temas recurrentes, como carrera o elección de pareja, eran superficiales, dispersos y poco concluyentes, así que en su invitación a ir más profundo, identifica cuatro grandes tipos de arrepentimiento:
1. Arrepentimientos fundacionales. Salud y Finanzas
Surgen de la falta de previsión y responsabilidad. Comienzan con una elección donde seguimos tomando una serie de decisiones que no miran por los sacrificios a corto plazo al servicio de una recompensa a largo plazo.
Nuestros cerebros buscan gratificación instantánea en lugar de ver a futuro; haciendo esto consciente, debemos unir la responsabilidad individual a un contexto y un ambiente que soporten que hagamos elecciones a favor de esas recompensas a largo plazo.
Para ello sugiere construir una plataforma estable para la vida:
- Trabajo duro
- Planear
- Ejecutar
Nos damos cuenta de que estamos en este tipo de arrepentimiento cuando al mirar al pasado usamos frases con "demasiado" o "demasiado poco", por ejemplo: "bebí demasiado" o "trabajé demasiado poco".
Aquí la frase que nos repetimos es: “Si tan solo hubiera hecho el trabajo”, que revela nuestra necesidad humana de estabilidad.
2. Arrepentimientos de audacia. Oportunidades Perdidas
Aparecen por no habernos atrevido cuando hubo una oportunidad clara en la que preferimos jugar seguro o no tomar el riesgo.
Por lo general, empiezan sin escuchar la voz que nos habla y nos indica el camino.
Las consecuencias de las acciones son específicas, concretas y limitadas; incluso si cometemos un error, tenemos claridad. Pero las consecuencias de la inacción son generales, abstractas y sin límites, así que el arrepentimiento en esta área es enorme porque las posibilidades son muy vastas.
En el fondo se esconde la falla de habernos convertido en personas más felices, más valientes, más evolucionadas.
El mundo del trabajo y de la carrera profesional suele estar específicamente asociado a este tipo de arrepentimiento. Sin embargo, se ha demostrado que las personas que se muestran más asertivas y fieles a su identidad tienden a no atravesar este tipo de fallas, mientras que quienes reprimen o suprimen su identidad sí suelen experimentarlas.
La autenticidad siempre nos llama a ser audaces con nosotros y con los demás, a usar nuestra voz para abrirnos caminos, y a explorar más que una vida normal.
Aquí la frase que suena a raíz del arrepentimiento es: “Si tan solo hubiera tomado el riesgo”, y las necesidades que esconde son la de crecimiento, autenticidad y expansión.
3. Arrepentimientos morales. Valores Comprometidos
En el estudio de Pink, esta categoría representa el menor número de arrepentimientos; pero son los más dolorosos a nivel personal.
El problema aquí es que la mayoría de las personas no sabe lo que es ser una persona con moral; existe un conflicto perpetuo dentro de nosotros entre lo sagrado y lo profano, que cuando actuamos nos deja a merced de las emociones del momento y lo que hemos absorbido de una cultura enormemente desordenada.
Sus ejemplos incluyen: infidelidad, engaño, traición, mal trato a otras personas, falta de respeto a la autoridad, sacrilegio o actuar injustamente.
El arrepentimiento surge cuando actuamos en contra de nuestros valores, porque tocan nuestra identidad ética y nuestro deseo innato de ser buenos.
La frase que suena es: “si tan solo hubiera hecho lo correcto …” y la necesidad que revelan es la de bondad.
4. Arrepentimientos de conexión. Relaciones Perdidas
Aparecen cuando dejamos que se enfríen o rompemos vínculos importantes de amistades, familia, relaciones significativas, o cuando esas relaciones se disuelven o se quedan incompletas.
Existen casos donde la puerta con la otra persona ha quedado completamente cerrada y el arrepentimiento viene de comprender que no hay nada que hacer, también hay casos donde la puerta ha quedado abierta, pero se requiere demasiado esfuerzo para atravesarla.
La necesidad de pertenencia es una petición real de nuestro corazón. Cuando nos peleamos o atravesamos emociones intensas, a veces ponemos la relación en pausa o incluso la cerramos, convencidos de que es lo mejor. Sin embargo, conviene recordar que retomar los vínculos y atrevernos a tener las conversaciones pendientes es la única manera real de reparar, crecer y volver a sentirnos en casa a nivel interno.
La lección en las relaciones donde las puertas se cerraron, es hacerlo mejor la próxima vez, y para las relaciones donde las puertas siguen abiertas, hay que hacer la llamada, visitarlos, decir lo que sentimos, esto es, empujar la incomodidad y conectar con la persona.
La frase que acompaña a este arrepentimiento es: “si tan solo hubiera contactado …”. Expresan nuestra necesidad profunda de pertenencia y amor.
En cualquiera de las categorías de arrepentimiento, la invitación de Pink es la misma: normalizar las emociones negativas para no suprimirlas y aprender de ellas.

Gestionando el arrepentimiento
El autor describe diversas investigaciones que muestran que resulta más beneficioso hablar de nuestros arrepentimientos desde la autocompasión, es decir, con suavidad y comprensión hacia nosotros mismos como seres en proceso de crecimiento que hacerlo desde una supuesta “autoestima alta”, donde nos empujamos a construir una narrativa artificialmente optimista, intentando ver solo lo positivo cuando, en realidad, aún no estamos ahí.
La clave está en digerir las emociones de forma adecuada para que puedan traducirse en un verdadero cambio de comportamiento. Sin ese procesamiento honesto, el aprendizaje no ocurre.
A este enfoque el autor lo llama "marco de optimización del arrepentimiento".
En él sostiene que necesitamos dedicar tiempo y esfuerzo tanto a revisar el pasado como a anticipar los cuatro arrepentimientos fundamentales, prestando especial atención a las decisiones que caen dentro de esas categorías.
Dentro de este marco se incluyen estrategias como anticipar los arrepentimientos al momento de tomar decisiones futuras. Pink recomienda que si una decisión no pertenece a ninguno de los cuatro arrepentimientos fundamentales, la tomemos sin sobre analizarla.
En cambio, si estamos frente a uno de los cuatro arrepentimientos fundamentales, la invitación es a proyectarnos hacia el futuro, por ejemplo, diez años adelante, y preguntarnos: ¿qué elección me ayudará más a construir una base sólida?, ¿a asumir un riesgo sensato?, ¿a hacer lo correcto?, ¿o a conectar más profundamente con los demás?
Al estar haciendo esa revisión de nuestras decisiones futuras, la aversión al arrepentimiento puede convertirse en aversión a decidir, pero también puede ocurrir lo contrario; podemos decidir pasando por alto detalles que cambian el curso de nuestra vida. Así que cada quién debe de analizar cuál es su tendencia y hacer los ajustes necesarios.
Existen dos categorías de personas que Pink rescata del libro "The Paradox of Choice" de Barry Schwartz:
- Los maximizadores. Son quienes buscan obtener la mejor opción posible en cada situación. Para ellos es muy fácil quedar atrapados en la indecisión cuando se enfocan en exceso en los posibles arrepentimientos, transformando la búsqueda de excelencia en una fuente de parálisis.
- Los satisfactores. Quienes se conforman con opciones suficientemente buenas. Aunque esto les permite avanzar sin tanto análisis, a veces pierden alternativas objetivamente mejores, lo que puede afectar sus resultados a largo plazo.
El punto es, según señala Pink, usar lo que nos ocurre para aprender y evolucionar, cada uno desde el lugar donde nos encontramos.
Quizá aquel primer error de la salida del paraíso, no fue un castigo, sino el inicio de la gran aventura humana: aprender, transformarnos y recorrer, generación tras generación, el eterno camino de regreso a ese acierto que nos hace merecedores de volver al Edén.
Cada caída, cada tropiezo, cada equivocación es un maestro; y en ese aprendizaje constante, no sólo descubrimos lo que significa ser verdaderamente humanos, sino que además tomamos en nuestras manos esa "nueva vida" que en realidad fue siempre la que verdaderamente estábamos destinados a vivir.
“El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años; el segundo mejor momento es hoy.”
— Proverbio chino
En mi próximo artículo hablaré sobre el límite de la felicidad, que se refiere a ese termostato interno que determina el nivel de amor, éxito y creatividad que nos permitimos disfrutar, y cómo romper las barreras internas para atrevernos a alcanzar una vida plena, ¡no te lo pierdas!
Inspiración:
